Para emprender un camino serio hacia la búsqueda de la verdad se hace necesario que el hombre, sujeto de estudio, se cuestione siempre por lo que es la verdad. Esta búsqueda de la verdad ha de generar en el hombre unaconvicción tal que lo lleve a considerar como “ciertas” las conclusiones de tan incesante búsqueda, y es aquí donde la fe entra a jugar un papel fundamental.
El camino de la verdad exige para el hombre un “creer”, como afirma el cardenal Ratzinger, “creer significa que en su ver, oír y comprender, el hombre no contempla la totalidad de lo que le concierne; significa que el hombre no identifica el espacio de su mundo con lo que él puede ver y comprender, sino que busca otra forma de acceso a la realidad, a la que llama fe…”.
El ser humano, dominado muchas veces por un sentimiento de frustración al no poder alcanzar su anhelo de verdad, se ve apremiado por el afán de encontrar un camino seguro que lo lleve a alcanzarlo, se ve envuelto en una encrucijada, en donde existen muchas respuestas que se presentan como verdaderas y en donde se ve casi en la obligación de elegir aunque no esté totalmente convencido de ello.
Es aquí donde considero firmes las palabras del Cardenal Ratzinger: “quien intente hoy día hablar de la fe cristiana a gente que ni por vocación ni por convicción conoce desde dentro la temática eclesial, advertirá bien pronto lo extraña y sorprendente que le resulta tal empresa”.
El hombre de hoy se ve llamado a buscar el horizonte de la verdad. Un horizonte que sólo encontrará cuando se siente a reflexionar seriamente, no sobre una idea o un concepto sino sobre una persona y un acontecimiento, como lo menciona el Papa Benedicto XVI en su encíclica “Deus Cáritas Est”. El horizonte de la verdad para el hombre se encuentra disponible con toda su luz y esplendor en el Verbo Encarnado, en la Palabra hecha hombre, en Jesucristo. Así lo afirma la encíclica Veritatis Splendor: “la respuesta decisiva a cada interrogante del hombre… la da Jesucristo; la respuesta es la persona misma de Jesucristo” (#2)
Considero que el Cardenal Ratzinger ha querido llegar a una conclusión como esta y ha deseado mostrarle al hombre la necesidad de mirar más allá, de buscar con ahínco y decisión, de tener un firme criterio de fe para que las olas amenazantes del mar no logren hacer naufragar su barco.
En este punto la teología se presenta al hombre como camino que lo orienta hacia la verdad; verdad que ha sido revelada en la persona de Jesús y que está dispuesta a dejarse encontrar para que el mismo hombre pueda permanecer en Él.
JULIÁN ANDRÉS QUIMBAYO ARIAS
I TEOLOGÍA MIES
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