Verdad

¿Qué es la verdad? ¿Es posible alcanzar la verdad? ¿Cristo es la Verdad?

“DE LO INNEGABLE DE DIOS”


En la medida en que pasan las épocas; en la medida en que avanzan las estructuras; en la medida en que se presume de la grandeza del hombre y de sus capacidades para el progreso, se va minimizando y cuestionando la existencia de Dios. Un Dios que no puede verse, que no puede tocarse, que no puede probarse a través de un tubo de ensayo como puede hacerse con cualquier elemento químico o físico de la naturaleza.

¿Acaso el Dios que se profesa en la religión no es el mismo Dios de la ciencia? ¿O será que el Ser Supremo confesado por el hombre religioso no tiene nada que ver con el Ser Supremo profesado por el hombre científico?

“Muchos afirman que, en la actualidad, estamos acudiendo a la muerte de Dios. Otros se atreven a afirmar que es tonta e ingenua la idea de un Dios muerto cuando en realidad, ese Dios, nunca ha existido”.

Sin embargo, todo tiene un origen y un fin, todo cuenta con una causa primera, generadora de las demás causas, y que no ha sido causada por nada. Todo el concierto del universo se ve movido o accionado por un motor que, a su vez, no necesita de nada que lo mueva, pues, ¿cómo puede pensarse un efecto sin su causa o un movimiento sin su fuente?

La historia nos remonta a una época en la que el hombre, extasiado por el saber natural, capta lo sobrenatural de lo físico y lo químico. Un hombre que es “Capax Dei”, es decir, capaz de encontrar a Dios. Un hombre que se deja no solo impresionar por la belleza del mundo, sino que también se deja atrapar por la trascendencia que la rodea.

Nuestra historia humana, desde sus albores hasta su actualidad, no puede sustraerse de la realidad divina que la acompaña, que la sostiene, que la orienta. Una realidad tan intrínsecamente ligada a ella que negarla sería ocasionar la muerte de la misma historia y, por consiguiente, del mismo hombre. Por ello, ante esto, me atrevo a afirmar que “acudir a la muerte de Dios, es acudir a la muerte del hombre”, pues, no falazmente se ha dicho: “es imagen y semejanza de Dios”.

Nuestro Dios, “el Dios de siempre”, no solo se queda en su omnipotente acción creadora y ordenadora, se traslada a una acción unitiva y próxima con el hombre: “de la majestuosidad se acerca a la sencillez y de la realeza se abaja a la servidumbre”. Su caminar es un caminar en la historia y su accionar es un reflejo real de su amor para con la humanidad.

El hombre puede que no logre introducir a Dios dentro de una operación cuántica o dentro de una teoría conceptual, pero todo su esfuerzo por estudiar el macro y el microcosmos es un descubrimiento sutil de lo “innegable de Dios”: su existencia.

De aquí que nuestro punto de convergencia sea la Revelación de ese Dios Creador, que incita a la creatura a descubrirlo y a ver en Él, que no puede ser visto, la fundamentación de todo lo que existe para que, de este modo, llegue a la plenitud de su investigación.

SÓLO EL HOMBRE ESTÁ EN LA CAPACIDAD DE ENCONTRARSE CON SU DIOS PUES ES EL ÚNICO QUE POSEE INTELIGENCIA Y VOLUNTAD PARA HACERLO.